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Sus Maestros

Margot Loyola cuenta que su madre cantaba, tocaba piano y guitarra como algo propio de la familia, donde todos eran aficionados a la música. Pero también por el lado del padre tiene la música en las venas, según sus palabras: “Los galleros más importantes de la zona de Putú eran los Loyola. Tres generaciones de galleros y cantoras. Yo creo que de ahí viene mi amor por las cosas de la tierra” (Ruiz 1995).

Las primeras clases formales de danza las tuvo con Cristina Ventura, donde creaba sus propias coreografías. Aprendió bailes de salón con Australia Acuña. Realizó estudios de Piano en el Conservatorio Nacional de Música con Rosita Renard y Elisa Gayán, y de canto lírico con Blanca Hauser, una de las grandes intérpretes de ópera wagneriana en América Latina, entre 1943-63.

En 1952 estudió con Porfirio Vásquez -el patriarca de la música negra- la resbalosa y marinera en Perú para establecer comparaciones con la refalosa y la cueca chilena. Su incansable búsqueda del conocimiento la lleva a estudiar con personalidades destacadas como José María Arguedas con quien estudió la cultura indígena del Perú, Carlos Isamitt, Oreste Plath, Eugenio Pereira Salas, Malucha Solari, Pablo Garrido y Luis Advis, en Chile. Lauro Ayestarán y Marita Fornaro en Uruguay. Ercilia Moreno Chá, Antonio Barceló y Carlos Vega en Argentina.

Entre 1956 y 1957 viaja a Francia y luego a España, donde estudia el género del cuplé con la cantante andaluza Pastora Imperio. En 1972 estudia en Lima, Perú, los orígenes del cachimbo, la marinera y la zamacueca con Rosa Alarcón y Nicomedes Santa Cruz.

Pero Margot Loyola es además una discípula de sus informantes, que son, en realidad, sus Maestros. Comenta la Dra. Carolina Robertson, que “la Maestra siempre reconoce al maestro en la persona que tiene en frente. En una postura de humildad y entrega al aprendizaje” (Robertson 2006). Los cultores, que en algún momento de su vida le enseñaron una danza, una cueca, un refrán, una historia; son para la Maestra “una enciclopedia abierta a los cuatro vientos, donde uno puede encontrar los más escondidos antecedentes históricos de la región y la vida y costumbres de sus moradores” (Loyola 1994).

“Para mí estas personas son trascendentes, son mis maestras y maestros porque me han enseñado a valorar y agradecer lo que la vida me ha dado”
(Margot Loyola. 2006)