
Sra. Clorinda Gallardo y Margot Loyola. Curaco de Vélez, 1962. Lugar donde aprendió la Sirilla.
“Las grabadoras que llevaban nuestros estudiosos musicales se caracterizaban por la incomodidad y el peso de su transporte: 25 kilos de estructura y cintas […] había que arrendar un caballo exclusivamente para llevarla cuando se caminaba por tierra. Pero al cruzar un brazo de mar era otro nuevo problema que Margot no puede olvidar: sube al bote pequeño para recibir la grabadora y asentarla en sus manos, se hunde la folklorista con esos 25 kg. […] sumiéndose en el agua hasta la cintura sin dejar el valiosos instrumento de apoyo recolector; suerte que estaban a la orilla del mar.”
(Carlos Gómez Cera. Castro.1988)
Margot Loyola desarrolla su investigación en Chiloé desde 1963, entregando a la comunidad versiones de las danzas y música aprendida después de un largo período de análisis y trabajo etnográfico. En su trabajo realiza un detalle de las pautas coreográficas de cada versión aprendida, atendiendo a sus detalles específicos y de contexto, que posteriormente enseña a sus alumnos, asesora y entrega en los escenarios.
Margot Loyola estudió danzas de esta zona por más de cuarenta años, su metodología exhaustiva queda representada en su comentario que señala “de cuarenta y dos personas encuestadas por mi (1961-1962) en Ancud, Castro y zonas campesinas adyacentes, treinta y dos confirmaron que la seguidilla en Chiloé fue baile de ‘cuatro personas’. Algunas de las danzas y cantos que Margot Loyola da a conocer son la zamba-refalosa, cielito, costillar, seguidilla o sirilla, pericona, rin.
El año 1963, según narra Carlos Gómez en su artículo “Margot Loyola desde la cultura musical folklórica festiva de Chiloé”, por primera vez la música tradicional de Chiloé se proyecta y se difunde internacionalmente hacia países latinoamericanos por medio del Grupo Margot Loyola y del Conjunto Millaray.
Texto basado en la investigación del Dr. Carlos Miró Cortés y la periodista húngara Ida Kiss.